Voces Fenicias: un universo detrás de los párpados

Dec 6, 2012 by     No Comments    Posted under: Formentera, Ibiza

Hay ocasiones en que cerramos los párpados y observamos horizontes lejanos. Hay ocasiones en que cerramos los ojos y vemos horizontes cercanos. Hay ocasiones en que la ensoñación se adueña de nuestra vigilia anulando la razón e invocando la imaginación mítica. Como muy bien expresó Ishmael, el protagonista de la prodigiosa novela de Herman Melville, Moby Dick, es cuando cerramos los ojos cuando nos encontramos con nuestra identidad o identidades. En muchas ocasiones es en ese momento epifánico cuando se articula la imaginación mítica, siempre más profunda que la colectiva. Entonces, a los nacidos en el Mediterráneo nos surge como detrás de la calima de una mañana levemente anarajanda y con la silueta de las costas de testigo, uno de esos navíos fenicios que tanto han hecho caminar a la humanidad.

Voces Fenicias: un universo detrás de los párpados

No es únicamente la felicidad de una vela y viento para moverla. Es sentir que podemos cruzar esos horizontes, los lejanos y los cercanos también. Pero es más, cuando el mito convoca la anulación cronotópica se genera un momento sublime y mágico: podemos cruzar con la vela y el viento los horizontes de la identidad y así ser mar y ser sal y algas y ser isla, y finalmente sentir toda la fuerza de la navegación en las venas a través de la sangre heredada de nuestros antepasados fenicios.
Tal como lo expresaría el mismo Aquiles, los caminos y las rutas son de ida y vuelta. Cómo no invocar también a Ulises y su Odisea. Desde las Salinas de Ibiza observamos el horizonte y nuestra mirada se detiene en Formentera. Desde La Mola, en Formentera, observamos el horizonte y vemos el mar, sólo el mar. Y mientras observamos el mar y cerramos los ojos, veremos la ruta que nos configura, veremos Tiro y Cartago, Chipre y Creta, Cerdeña y Cádiz, Túnez y Rodas, y también Ibiza. Sin necesidad de girarnos podemos ver Ibiza con los ojos cerrados. Entonces nos invade la necesidad de tocar la tierra y la arena y escuchamos la voz de los guijarros, cómo chocan unos contra otros en la orilla.
Así es, sólo es necesario escarbar un poco para ir rescatando las capas de los pueblos que han ido configurando nuestra identidad. Uno de los pueblos más importantes en esa historia, nuestra historia, ha sido y es el pueblo fenicio. Es curioso, sin embargo, que nunca existió un país llamado Fenicia, lo cual convoca a las cinco ciudades más relevantes de lo que podríamos denominar como fenicia oriental y son: Arados, Biblos, Birutos (Beirut), Tiro y Sidón. Continuando con esta reflexión, la ruta nos devuelve a Homero porque bien sabía Aquiles que eran los poetas quienes daban nombre a la historia. Fueron los griegos, por tanto, los grandes cronistas del acontecer de los pueblos fenicios y así fueron nombrados por ellos y conocidos hasta nuestros días como “phoenix”, es decir, los púrpuros o los de la púrpura por su utilización magistral del pigmento rojizo del molusco conocido como murex.
Así es, sólo es necesario nadar un poco y bucear para ir rescatando las ánforas y demás cerámicas y recipientes diseñados y elaborados por los fenicios para transportar sus valiosas mercancías. La sal, por otra parte, fue un elemento esencial en el desarrollo de las rutas de navegación fenicias con especial predilección por las islas por diversos y muy importantes motivos. Mencionemos dos, la sal y la mayor facilidad para la defensa puesto que eran unos maestros estrategas y navegantes. También lo dijo Herodoto al definir a los fenicios como un pueblo lanzado al mar por su geografía. No es difícil imaginar también la importancia del conocimiento de los astros en el mundo de la navegación. Eso es lo primero que hace un marinero al echarse al mar por la noche: observar el cielo. Pero esa observación consiste en una verdadera lectura. Una lectura del viento y de las estrellas y por tanto un control de los espacios, de los espacios físicos más cercanos y de los horizontes tanto físicos como imaginarios más lejanos. Estos son conocimientos fundamentales que deberían enseñarse en las escuelas porque son voces que escuchamos cuando nos quedamos con nosotros mismos. Son voces que captamos cuando nos echamos a alta mar o cuando nadamos en nuestras orillas, en las orillas de nuestras costas y en las orillas de nuestra propia identidad. Si un dialecto semítico te resulta familiar, no te extrañes, ya lo habías hablado antes. Si un perro vagabundo de Tartessos no te ladra al pasar, no te extrañes, ya habías estado allí antes.

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